Programa para reducir el uso de plaguicidas en África
Aunque los plaguicidas son una manera eficiente de evitar que insectos y otros pequeños organismos acaben con las cosechas, a la larga, son dañinos para el medio ambiente, para la biodiversidad, además de disminuir la fertilidad de la tierra de cultivo. Por eso, lo que menos necesitan en muchas zonas de África, donde la tierra no es precisamente fértil, es usar este tipo de productos, pues podría suceder que, en unos años, la tierra dejara de producir.

Gracias a un programa alentado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), los agricultores de África occidental están logrando reducir el uso de plaguicidas tóxicos, al tiempo que incrementan sus cosechas e ingresos y diversifican los sistemas agrícolas. El proyecto promueve prácticas agrícolas sostenibles.

Cerca de cien mil agricultores de Benin, Burkina Faso, Malí y Senegal participan en este programa impulsado por la comunidad (programa regional de África occidental de Manejo Integrado de Productos y Plagas o MIPP) que lleva a cabo la FAO. Los pequeños agricultores están aprendiendo buenas prácticas agrícolas mediante un aprendizaje práctico y la experimentación directa. Se trabaja en pequeños grupos organizados alrededor de un productor más experimentado. Unos veinticinco agricultores, coordinados por un instructor, preparan dos parcelas en su aldea: una con métodos agrícolas locales convencionales y otra en la que se usan mejores prácticas, basadas en el MIPP. Después, se comparan los resultados de ambas parcelas.

Se trata de producir cultivos sanos, mejorando las condiciones del suelo y usando alternativas a los plaguicidas químicos, como son el uso de insectos benéficos, variedades adaptadas, plaguicidas naturales y otras prácticas agrícolas. Además, se tratan otros temas como la comercialización y la inocuidad de los alimentos.

Según William Settle, de la FAO, en África occidental hay un desconocimiento total de los efectos negativos de los plaguicidas, tanto en la propia producción agrícola, como en la economía, en la salud de las personas y en la conservación del medio ambiente. Los pequeños experimentos que se están llevando a cabo demuestran a los agricultores que pueden producir cosechas respetando el medio ambiente mientras incrementan considerablemente la producción y sus ingresos. Una agricultura sostenible que asegura su futuro.

En Malí, en los lugares donde se ha llevado a cabo el programa, se ha reducido en un 94% el uso de plaguicidas químicos, mientras que ha aumentado en un 400% el uso de materiales orgánicos, como compost y estiércol, sustancias que no reducen la fertilidad del suelo. En Burkina Faso, el MIPP ayudó a incrementar las cosechas entre un 14% y un 70%.