Ya se sabe, no hay enemigo pequeño. En este caso, además, es un enemigo exterminador, que pone en jaque la biodiversidad del planeta. Hablamos del hongo, concretamente de las infecciones micóticas que pueden sufrir las plantas y los animales con resultados fatales. No en vano, en siete de cada diez casos su extinción ha sido causada por una enfermedad infecciosa provocada por algún tipo de hongo, microorganismos diferentes de las plantas, los animales y las bacterias.

Ésta ha sido la conclusión a la que ha llegado un estudio realizado por investigadores británicos y estadounidenses, publicado en la revista Nature. El trabajo ha sido subvencionado por la UE y los resultados señalan a un culpable en el que no suele repararse por su pequeño, casi microscópico tamaño. Tan letal resulta que, sólo a través de enfermedades provocadas por los hongos, se destruyen más de 125 millones de toneladas de cultivos de alimentos básicos, como el arroz, el trigo, el maíz, las patatas o la soja.

Así, además de sus terribles efectos en especies amenazadas, es fácil imaginar lo fácil que sería luchar contra la inseguridad alimentaria, es decir, contra el hambre en el mundo sólo controlando la propagación de enfermedades micóticas en estos cultivos. De lograrse, podría alimentarse a más de 600 millones de personas cada año, señala el trabajo, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Oxford y del Imperial College de Londres.

“El aumento alarmante de muertes de plantas y animales causadas por nuevas clases de enfermedades micóticas demuestra que nos estamos dirigiendo rápidamente hacia un mundo donde los pudridores ganan. Necesitamos esforzarnos por evitar el surgimiento de enfermedades nuevas, porque actualmente no contamos con los medios para tratar con garantías los brotes de infecciones”, explica Matthew Fisher, líder de la investigación.

Otro de los efectos de las enfermedades micóticas sobre la salud del planeta es su afectación a las masas forestales. De este modo, el estudio señala que los árboles ven reducida su capacidad de absorber dióxido de carbono (CO2) a consecuencia de las infecciones micóticas que sufren. Tirando el hilo, incluso podríamos considerar los hongos como una de las razones del efecto invernadero. Por lo tanto, si queremos ganar en biodiversidad y en seguridad alimentaria, hay que combatir estas infecciones.