Lecciones de las hormigas
Por todos es conocido que las hormigas son infatigables y muy organizadas trabajadoras. Pueden transportar hojas, comida, piedras, etcétera, que superen hasta cincuenta veces su peso. Sus minúsculas mandíbulas son, así mismo, un potente mecanismo perfectamente diseñado para su trabajo. Pero, claro, tanto trabajo, supone un desgaste y, tras toda una vida dejándose la piel por la colonia, las hormigas tienen derecho a descansar.

En realidad, no es exactamente descansar lo que hacen, pero sí llevar una vida más relajada. Según un grupo de investigadores que estudia los hábitos de las hormigas cortadoras de hojas, este tipo de insectos, a medida que envejecen y sus mandíbulas se deterioran, se retiran del trabajo más duro.

El estudio ha sido llevado a cabo por científicos de la Universidad de Oregon, Estados Unidos, que descubrieron que las hormigas más viejas dejan de cortar hojas y se ocupan de otras tareas donde no sea necesario usar las mandíbulas, principalmente, las relacionadas con el transporte de la mercancía.

Cada una de estas hormigas es capaz de cortar y transportar cargas que equivalen a cincuenta veces el tamaño y el peso de su propio cuerpo. Forman una larga fila para llevar la cosecha al hormiguero, donde las hojas transportadas se usan para cultivar hongos que alimentan a la colonia. Pero llega un momento en que la hormiga comienza a tener dificultades para sujetar y cortar hojas. Es el momento oportuno para especializarse en otro trabajo: el del transporte de la producción hasta el hormiguero.

La razón de este cambio de tarea tiene que ver con la eficiencia en el trabajo, algo que quizá debiéramos aprender los seres humanos. Las hormigas de más edad con las mandíbulas gastadas pueden tardar el doble de tiempo en cortar una hoja, fuente principal de alimento para toda la colonia. ¿Por qué hacer un trabajo que otra hormiga más joven va a realizar mucho mejor y en menos tiempo? Pero, además, es una prueba de los beneficios de vivir en sociedad. Si fueran animales solitarios, las hormigas viejas y cansadas no tardarían en morir por la falta de alimento y el esfuerzo en conseguirlo. Dos lecciones que el ser humano debería aprender: eficiencia y solidaridad.