
Los opositores y críticos de los transgénicos, los activistas y agricultores que luchan contra el poder de multinacionales como Monsanto, acaban de recibir un jarro de agua fría. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dictaminado (por unanimidad) que un agricultor de Indiana violó la patente de la compañía productora de organismos genéticamente modificados (OMG), en concreto, de una semilla de soja llamada Roundup Ready.
Es algo más que un problema medioambiental. Es un asunto económico (todo lo es, ¿verdad?) y de justicia social. Si un agricultor compra semillas de Monsanto, firma un contrato por el que se compromete a no guardar esas semillas. La razón es que Monsanto no quiere nadie conozca cómo se ha creado esa semilla (algo similar a lo que ocurre en otros campos, como con la tecnología, sector en el que las compañías parecen enfrascadas en una interminable lucha de patentes).















